Así que he cambiado el codillo por las croquetas de jamón y la Weissbier por el vermouth de los domingos y me he acostumbrado de nuevo a los decibelios españoles, aunque sigo echando de menos toparme a menudo con los Alpes y el espíritu ciclista de Múnich.
Cualquiera que haya vivido fuera llega a sentirse parte de este lugar y quizás se hace más crítico con su lugar de origen, pero en en esencia, nunca olvida sus raíces.