Cuando uno viaja por Europa, se da cuenta de que las persianas son objetos no identificados. En Alemania, así como en otros países europeos, no se estilan.
Me pregunto por qué. Mi lógica dice que en estos países no las necesitan porque nunca sale el sol. Sin embargo, soy consciente de que algunos meses del año amanece a las 5 de la mañana o incluso antes. Lo curioso es que todas las tiendas venden antifaces a un módico precio.
La falta de persianas hace que te sientas como en Gran Hermano. Uno puede observar la vida de sus vecinos sin esforzarse lo más mínimo, y ellos pueden seguir tus rutinas diarias, en vivo y en directo. Podría decirse que aquí es lo normal y que nadie se dedica a espiar a sus vecinos. Pero todos somos un poco curiosos y echamos un vistazo de vez en cuando, al menos uno diario. Gracias a esos vistazos, he descubierto que uno de mis vecinos tiene un futbolín en el salón y que una de mis vecinas abre la nevera cada 10 minutos para tomarse un aperitivo. Si ellos hubieran tenido cortinas, jamás hubiera hecho estos descubrimientos que tanto han aportado a mi vida cotidiana.