viernes, 21 de mayo de 2010

¿Las normas son para infringirlas?

"Por supuesto", pensaría un español,"¿por qué hacerlo?", diría un alemán. Cuando un español conoce la existencia de una nueva norma, maquina mentalmente cómo puede infringirla. Y siente inmediatamente cómo sube su adrenalina con tales maquinaciones. Porque un español se siente liberado cuando se salta las normas.

En el fondo pasar de las normas es para un español parte de su filosofía de vida. Como siempre, hablo de casos generales y no particulares. Nos viene de nuestro pasado picaresco…Sin embargo, un alemán (vuelvo a hablar en general) no le ve sentido a saltarse una norma, ni tampoco siente esa adrenalina.

Por ejemplo, un español se siente el rey del mundo cuando consigue fumar debajo de un "prohibido fumar" y se regodea mientras lo hace. Calada a calada se siente un poquito más libre. También disfrutamos de otros pequeños triunfos, como colarnos en el metro sin que nos pillen. Existe incluso un movimiento, por llamarlo de algún modo, que recibe en la prensa el nombre de cueling. Los alemanes se enorgullecen de lo contrario, de no tener que instalar tornos y una alambrada de espinos a la entrada del metro para que la gente pague. En el fondo es parte de su filosofía de vida.

jueves, 20 de mayo de 2010

El ruido en España significa alegría

Los españoles y nuestros vecinos mediterráneos creemos firmemente que el ruido es sinónimo de alegría. Cuanto más ruido, más alegría. Para los alemanes, el ruido es molesto e incómodo si no ha habido ocasión de tomar 5 cervezas. A partir de ese momento todo vale, pero no antes. Con 5 cervezas los gritos están justificados, ya que todo ha de tener un porqué en el país de la razón.

Los españoles hablamos a voces porque creemos que es lo normal, donde hay ruido hay alegría, pero cuando uno va a vivir a otra ciudad, se da cuenta de que nuestro tono de discoteca deja a los demás alucinados. Por eso nos miran como si fuéramos marcianos cuando hablamos tres veces más alto que ellos en un restaurante o cuando viajamos en metro. Por eso nos miran con los ojos bien abiertos cuando nos oyen hablar y reír como si lleváramos un megáfono.

También nosotros creemos que su silencio constante es paranormal. Nunca he escuchado tan nítidamente el sonido de los cubiertos como en un restaurante alemán (antes de las cervezas,como he aclarado antes). Se trata de un silencio místico al que ningún español está acostumbrado. Personalmente opino que se trata de un problema lingüístico. Como las frases en alemán son tan largas, intentan ser parcos en palabras por no gastar energía.

Día Mundial contra el Ruido